sábado, 28 de abril de 2012



Ojalá no tuviera a nadie a quién rendirle cuentas
de la luz mutilada que se anima en mí
ahora cuando amanece

ojalá fuera verdad la ilusión de no tener nada –ni mínimas imaginadas razones-
que pidan la presencia de otras razones

yo misma manufacturo mis culpas
camisas de fuerza de cuántas costuras que ya no se cuentan
frente a mi despropósito de ser cosa entre las cosas

mi culpa tiene el color del libre albedrío
y en esta mañana se ríe con la desgana de una hiena enjaulada
mientras aguarda frente al comedero
su menú fijo de elecciones

es lamentable, señores...
astillé los puentecitos de juguete que había entre el vacío y mis excusas,
la integridad

rota como el orden de las cosas

¿existe una Sala de Espera
para el estallar de un grito sin causa ni propósito? ¿Un Sistema de Atención
que cure el miedo imperecedero, las ganas de amputárselo del cuerpo?

a contrafondo, es el amor bellísimo el que amenaza
con la exigencia de lo infinito

quisiera la pupila pequeña y dilatada de un punto
que suspenda la necesidad de estar a la altura
de este deseo, su magnitud inobjetable

a intermitencias
el balido de las bocinas
tranquilizan al silencio
de la madrugada inmensa

donde estoy
sólo ese otro que soy de mí
ha demostrado
que quiere burlarse

y puede.

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