sábado, 28 de abril de 2012
Ojalá no tuviera a nadie a quién rendirle cuentas
de la luz mutilada que se anima en mí
ahora cuando amanece
ojalá fuera verdad la ilusión de no tener nada –ni mínimas imaginadas razones-
que pidan la presencia de otras razones
yo misma manufacturo mis culpas
camisas de fuerza de cuántas costuras que ya no se cuentan
frente a mi despropósito de ser cosa entre las cosas
mi culpa tiene el color del libre albedrío
y en esta mañana se ríe con la desgana de una hiena enjaulada
mientras aguarda frente al comedero
su menú fijo de elecciones
es lamentable, señores...
astillé los puentecitos de juguete que había entre el vacío y mis excusas,
la integridad
rota como el orden de las cosas
¿existe una Sala de Espera
para el estallar de un grito sin causa ni propósito? ¿Un Sistema de Atención
que cure el miedo imperecedero, las ganas de amputárselo del cuerpo?
a contrafondo, es el amor bellísimo el que amenaza
con la exigencia de lo infinito
quisiera la pupila pequeña y dilatada de un punto
que suspenda la necesidad de estar a la altura
de este deseo, su magnitud inobjetable
a intermitencias
el balido de las bocinas
tranquilizan al silencio
de la madrugada inmensa
donde estoy
sólo ese otro que soy de mí
ha demostrado
que quiere burlarse
y puede.
domingo, 15 de enero de 2012
Te veo arrullándome hacia una cerca con púas
la hierba detrás, en pequeñas agujas que deletrean el insomnio del que me han salvado
no las comprendo no
íntimamente.
Después, entre la tierra y los pájaros ocurren cosas que parecen de importancia: los pájaros
no vienen a comer del comedero cuando yo
me quedo en tu casa.
Vos me contás y te creo;
ahora sé que los pájaros se ausentan en mi presencia.
Es cierto que es tarde, me despertás
porque dormí mucho más de lo debido.
No sé qué hacer con mi sueño ni
con los pájaros, quisiera que sepan que no intento
hacerles daño
que el corazón que quiero sentir latir no es el de ellos sino el mío
que no los quiero estrujar
ni sentir su palpitar entrecortado en mi mano
porque lo que debo
aunque me asuste
es sentir
de una vez
el mío.
Es cierto que me llaman esas ganas de tocar y palpar y presionar lo que vive pero
en lo más vivo de lo vivo, está el gran miedo
de matar
de que el sueño despierte incontrolable en eso soñado y casi
poseído en el instante en que la libertad
única
es morir
en la palma del que toca
para poseer lo que toca.
La culpa quizá
es la premonición de la consecuencia
de eso que haríamos con el corazón de un pájaro.
Vos me decís que soy
hermosa
y mientras abrís el alambrado
para que no me rasguñen las púas
de ese campito que alguien compró
como suyo.
Y yo en silencio me agacho y paso entre el alambre puesto ahí
para rasgar cosas vivas casi a modo
de protocolo.
Caminamos.
La sierra no tiene un nombre que me importe
pero nada amedrenta
su incendio mudo
y amablemente cruel diríase
para conmigo que trato de no notar esa voluntad de ser de la hierba
y de las cercas y de todas las demás
fronteras vivas.
Hace calor pero a tus espaldas sin que me mires me dejo
quemar
como un pájaro que no sabe
a qué distancia se desconfía.
sábado, 13 de agosto de 2011
Sobre lo imposible
Sobre lo posible. (Una copita transparente
puede pesar como una estación de tren)
Porque cuando amo, la copita me guiña
su ojo derecho, para hacerme cómplice de su transparencia.
Bajo juramento, le creo.
Pero más tarde, no puedo más que mear lo que pude tomar de ella,
aunque me resista a hacerlo.
Ninguno de los dos,
supongo,
nos soportamos llenos.
Vamos, a los tibios no se los come nadie
Pero tu garganta
Es más tibia que mis ganas de comer
Mis propias ganas de estar
Encima
Tuyo
Como un imán sin polos ni pija ni política
Hay dos
Opciones - dicen,
los que dicen que saben decir:
Mostrar la fe
Para no caerse
O caerse
para levantar la fe;
de todos modos
el subibaja era mi juego preferido
desde que la gota goteaba
o el amor
se ponía de moda
viernes, 18 de marzo de 2011
viernes, 29 de octubre de 2010
Príamo
- ¿Y qué es la muerte?
- Nada más que el detenerse de ese instante que va y viene
un cambio de calle, una tela que se rasga, el murmullo
en el que grita un silencio nuevo.
en el que grita un silencio nuevo.
Lo que ha sucedido
sucederá siempre. Buscamos en el corazón
sucederá siempre. Buscamos en el corazón
la quietud que nos es ajena.
- ¿Y qué nos queda, tras la muerte?
- La juventud de una negación. Por fin un destino
que escapa de nuestras manos.
domingo, 15 de agosto de 2010
Deux vies pour une seule mort
Mi casa y el silencio no son uno.
El silencio brota de algún lugar cercano a mi pecho. No lo puedo ver. No así. Porque el silencio también es blanco. Y no frío. Se siente en la quemazón prematura de los pensamientos. Como si las cosas por decir fueran los últimos soldados de una lejana retirada: viajan a paso rápido, asustan, y desaparecen.
Los árboles también callan hasta que su historia
se lee en las vetas de sus corazones de leña.
Un día también se verán nuestras costillas, libres de corazón, blancas.
Mi casa es eso que el silencio llena.
martes, 20 de julio de 2010
Que pueda darte paz de osario
que el polvo blanco de tu boca
se haga nube en el cieno seco del camino
Que la voracidad de tu boca
sea la hélice final
y fatal
Fracturas tan hembras
en la costura irregular de tu boca
en su esporádica hichazón de capullo
de cápsula vital
vertical y vacante y sahariana
Tu boca
último esquife de un navío obligado a no tocar orilla
o la verdad última que endurece al mar y aletarga el plazo del hundimiento
Yo la conozco como a un leprosario
¿Quién limpiará la arena de tu boca?
Nadie
Ni siquiera los todavías que se agrietan ávidos.
viernes, 16 de julio de 2010
En la ciudad del amor en los tiempos del cólera
puede verse cómo los días sin interrogaciones ni paréntesis se condensan en nubes para ir a nevar quién sabe sobre quiénes y dónde.
miércoles, 23 de junio de 2010
viernes, 18 de junio de 2010
Nos vemos en Maracaibo
Es así:
uno renuncia a todo y lo esperado adviene con la inevitabilidad de los domingos
ya no hay pájaros que se rían de nuestro nombre
porque nuestro nombre no existe
Lo que hay en cambio
es una libertad que salta como el candado de las prisiones
lo que hay
es un destino lumpen
un fracaso almidonado de trópico
y de esperanza inédita
Es así:
hay esas historias de amor que nos preceden posponiéndonos
hay esos estanques ambulantes que nos convocan a su quietud subversiva
a un acuerdo en ebullición
“nos vemos en Maracaibo”, digo
y los tobillos del viento son mis tobillos
ya sabés, somos los centinelas del perdurar
en el trayecto que viene y va entre las capitales del tiempo
ahí donde toda la integridad de mi tristeza
se desintegra
se desintegra
¿a quién le contaremos
de éste el triunfo de nuestros pasos asonantes?
Es así:
tu amor es el error del que el mío
hace su trampa
mientras los crímenes caen del cielo
como paraguas.
como paraguas.
miércoles, 2 de junio de 2010
A tuesday toast when it's already wednesday
Brindo por la escapada
por los cambios de nombre, de identidad
de pareja, de mobiliario, por las transformaciones de look
tan fou
por la gracia que ocasiona
descreer de la fe
foi grasse
chorreando sobre nuevos hobbies
y lobbies
y segmentitos de pormenorizada anestesia
brindo
por los affaires nouvelles
y les amours morts
por los cambios estacionales
y los encuentros hipoalergénicos
por las atmósferas del rapé
de la rapidez
de los pain killers
brindo también por los resucitados
por la fe al portador que vienen a cobrarse
cuando ya no hay más feu, ni heart
ni explosiones sentimentales
sino un modesto cartelito de bancarrota
(próximamente
en letras de neón).
lunes, 31 de mayo de 2010
CARTA ABIERTA A LOS SURREALISTAS DE TODO EL MUNDO (fragmento)
En "El ojo cosmológico", Henry Miller se despacha sobre el surrealismo como el último reducto de esa "mentirosa máscara cultural" que no hace más que acelerar su propia muerte.
Texto completo acá.
"Debajo de la cintura todos los hombres son hermanos. Salvo en las regiones superiores, donde se es poeta o chiflado (o criminal), el hombre jamás conoció la soledad. "Actualmente - escribe Paul Eluard - está disipándose la soledad de los poetas. Ahora son hombres entre hombres, y tienen hermanos". Lo cual, desgraciadamente, es por demás exacto, y por eso a medida que pasa el tiempo es más difícil hallar al poeta. Todavía prefiero la vida anárquica; a diferencia de Paul Eluard, no puedo decir que la palabra "fraternización" me exalte. Tampoco me parece que este concepto de hermandad provenga de una concepción poética de la
vida. No es, ni mucho menos, lo que Lautréamont quería decir cuando afirmaba que todos deben contribuir a la elaboración poética. La hermandad del hombre es una ilusión permanente, común a los idealistas de todas las épocas: es la reducción del principio de individualización al mínimo común denominador de inteligencia. Es lo quo impulsa a las masas a identificarse con las estrellas cinematográficas y con mogalomaníacos como Hitler y Mussolini. Es lo que les impide leer y apreciar poesía como la que nos ofrece Paul Eluard, y ser influidas por ella y crearla a su vez. Que Paul Eluard se sienta desesperadamente solo, que
haga todo lo que está a su alcance por comunicarse con sus semejantes, es cosa que comprendo y suscribo, de todo corazón. Pero cuando Paul Eluard baja a la calle y se convierte en un hombre, no se hace entender
ni apreciar por lo que es... es decir, por el poeta que es. Por el contrario, se comunica con sus semejantes por vía de capitulación, por el renunciamiento a su propia individualidad, a su elevado papel. Si se lo acepta,
ello ocurre simplemente porque está dispuesto a renunciar a las cualidades que lo distinguen de sus semejantes, y que a los ojos de éstos lo convierten en una figura antipática e incomprensible. Nada tiene de
extraño que se encierre a los chiflados, se crucifique a los redentores y se lapide a los profetas. Sea como fuere, de una cosa podemos estar seguros: no es así como todos contribuirán a la elaboración poética.
(Pregunta: ¿Y por qué todos han de contribuir a la elaboración poética? ¿Por qué?)
En todas las épocas, así como en cada vida que merezca ese nombre, hay un esfuerzo por restablecer el equilibrio perturbado por el poder y la tiranía que algunas grandes personalidades ejercen sobre nosotros. Esta lucha es fundamentalmente personal y religiosa. Nada tiene que ver con la libertad y la justicia, palabras vacías cuyo significado nadie conoce con precisión. Tiene que ver con la elaboración poética o, si se quiere, con la transformación de la vida en poema. Tiene que ver con la adopción de una actitud creadora hacia la vida. Una de sus más eficaces formas de expresión es la destrucción de la tiránica influencia ejercida sobre nosotros por los muertos. No se trata de negar a estos prototipos, sino de absorberlos, asimilándolos y a su debido tiempo sobrepasándolos. Cada cual debe realizar personalmente esa tarea. No existe un plan practicable de liberación universal. La tragedia chic es el ámbito vital de casi todas las grandes figuras, queda olvidada, a causa de la admiración que profesamos a la otra del hombre. Olvídase que los gloriosos griegos, por quienes profesamos ilimitada admiración, trataron a sus hombres de genio quizá más vergonzosa y cruelmente que cualquiera de los pueblos conocidos. Se olvida que el misterio que acompaña a la vida de Shakespeare es tal sólo porque los ingleses no desean reconocer que Shakespeare enloqueció a causa de la estupidez, la incomprensión y la intolerancia de sus compatriotas, y acabó sus días en un manicomio.
Como dice el antiguo proverbio chino, la vida es hambre o es festín. Ahora se parece mucho al hambre. Sin necesidad de recurrir a la ciencia de un sabio como Freud, es obvio que en tiempos de escasez los hombres se comportan de distinto modo que cuando hay abundancia. En tiempos de hambruna el hombre merodea las calles con ojo rapaz. Mira al hermano, ve en él un bocado suculento, y sin demora lo acecha y lo devora. 'lodo ello en nombre de la revolución. A decir verdad, poco importa en nombre de qué lo hace. Cuando los hombres se inclinan a la fraternidad, también adquieren inclinaciones ligeramente canibalísticas.
En China, donde el hambre es más frecuente y destructiva, la gente ha llegado a punto tal de histerismo (debajo de la famosa máscara oriental), que cuando asiste a la ejecución de un hombre a menudo se olvida de sí misma y ríe.
El hambre que ahora padecemos es peculiar, en el sentido de que existe en medio de la abundancia. Podríamos decir que es un hambre espiritual más que física. Ahora la gente no lucha por el pan, sino por el derecho al trozo de pan, lo que constituye una distinción de cierta importancia. En términos figurados, hay pan por doquier, pero casi todos tenemos hambre. ¿Puedo decir que esto último se aplica particularmente a los poetas? Formulo la pregunta porque es tradicional que los poetas pasen hambre. Por lo cual resulta un tanto extraño verlos identificar su habitual hambre física con el hambre espiritual de las masas. ¿O es al revés? Sea como fuere, ahora todos padecemos hambre, salvo, claro está, los ricos, y la relamida burguesía que supo lo que era pasar necesidades físicas o espirituales.
Originalmente los hombres se mataban en persecución directa del botín: alimentos, armas, implementos, mujeres, cte. Aunque todo ello careciera de caridad o de simpatía, tenía sentido. Ahora hemos adoptado una fisonomía simpática, caritativa y fraterna, pero seguimos matándonos, y matamos sin la menor esperanza de alcanzar nuestros objetivos. No matamos en beneficio de los que vendrán, para que puedan gozar de una vida más abundante. (¡Que nos cuelguen si lo hacemos!)
En el curso de este libro sobre el surrealismo se ha mencionado nuestra gran deuda con Freud y colegas. Pero hay algo que Freud y toda su tribu han destacado con harta claridad, y que por extraña coincidencia falta en esta reseña de nuestra supuesta deuda. Se trata de lo siguiente: Siempre que dejamos de golpear o de matar a la persona quo amenaza humillarnos, degradarnos, esclavizarnos o someternos, pagamos el precio de esa actitud en el suicidio colectivo, que es la guerra, o en la matanza fratricida, que es la revolución. Cuando no logramos expresar el máximo de nuestras posibilidades, matamos al Shakespeare, al Dante, al Homero, al Cristo que hay en nosotros. Cada uno de los días que vivimos atados a la mujer a quien ya no amamos destruimos nuestra capacidad de amar y de tener la mujer que merecemos. La época en que vivimos es la que nos corresponde: nosotros la plasmamos, no Dios ni el Capitalismo, ni esto o aquello, llámeselo como se quiera. Llevamos en nosotros mismos el bien... ¡y también el mal! Pero, como dijo el antiguo bardo, "el bien a menudo va enterrado junto con nuestros huesos". La fundamental eficacia de la doctrina psicoanalítica reside en el reconocimiento del aspecto de la responsabilidad. La neurosis no constituye un fenómeno nuevo en la historia de las enfermedades humanas, y tampoco lo es su expresión más extraordinaria, la esquizofrenia. No es la primera vez que se agota el suelo y aun el subsuelo cultural. Se trata de una hambruna que afecta a las raíces mismas, y de ningún modo es paradójico -por el contrario, es absolutamente lógico - que ello ocurra en medio de la abundancia. Es perfectamente propio y natural que en medio de esta podrida abundancia nosotros, los muertos en vida, nos sentemos como leprosos con los brazos extendidos, y mendiguemos una pequeña caridad. O que nos pongamos de pie y nos matemos unos a otros, lo cual es mucho más entretenido, y en definitiva viene a parar en: lo mismo. Es decir, en la nulidad.
Cuando al fin todos comprendan que nada pueden esperar de Dios, o de la sociedad, o de los amigos, o del déspota benévolo de los gobiernos democráticos, o de los santos, o de los redentores, o de ese sanctasanctórum que es la educación; cuando todos comprendan que deben trabajar con sus propias manos para salvarse, y que nadie puede esperar piedad, quizás entonces... ¡Quizás! Aun así, tengo mis dudas, habida cuenta de la clase de Hombres que sanos. El hecho es que estamos condenados. Quizá muramos mañana, quizás en los próximos cinco minutos. Pasemos revista a nuestro propio ser. Podemos conseguir que los últimos cinco minutos sean válidos, entretenidos y aun alegres, si se quiere, o despilfarrarlos, como hemos lecho con las horas, los caías, los meses, los años y los siglos. No hay dios capaz de salvarnos. No existe un sistema de gobierno, una doctrina que nos suministre la libertad y la justicia invocadas por los hombres en sus estertores de muerte."
vida. No es, ni mucho menos, lo que Lautréamont quería decir cuando afirmaba que todos deben contribuir a la elaboración poética. La hermandad del hombre es una ilusión permanente, común a los idealistas de todas las épocas: es la reducción del principio de individualización al mínimo común denominador de inteligencia. Es lo quo impulsa a las masas a identificarse con las estrellas cinematográficas y con mogalomaníacos como Hitler y Mussolini. Es lo que les impide leer y apreciar poesía como la que nos ofrece Paul Eluard, y ser influidas por ella y crearla a su vez. Que Paul Eluard se sienta desesperadamente solo, que
haga todo lo que está a su alcance por comunicarse con sus semejantes, es cosa que comprendo y suscribo, de todo corazón. Pero cuando Paul Eluard baja a la calle y se convierte en un hombre, no se hace entender
ni apreciar por lo que es... es decir, por el poeta que es. Por el contrario, se comunica con sus semejantes por vía de capitulación, por el renunciamiento a su propia individualidad, a su elevado papel. Si se lo acepta,
ello ocurre simplemente porque está dispuesto a renunciar a las cualidades que lo distinguen de sus semejantes, y que a los ojos de éstos lo convierten en una figura antipática e incomprensible. Nada tiene de
extraño que se encierre a los chiflados, se crucifique a los redentores y se lapide a los profetas. Sea como fuere, de una cosa podemos estar seguros: no es así como todos contribuirán a la elaboración poética.
(Pregunta: ¿Y por qué todos han de contribuir a la elaboración poética? ¿Por qué?)
En todas las épocas, así como en cada vida que merezca ese nombre, hay un esfuerzo por restablecer el equilibrio perturbado por el poder y la tiranía que algunas grandes personalidades ejercen sobre nosotros. Esta lucha es fundamentalmente personal y religiosa. Nada tiene que ver con la libertad y la justicia, palabras vacías cuyo significado nadie conoce con precisión. Tiene que ver con la elaboración poética o, si se quiere, con la transformación de la vida en poema. Tiene que ver con la adopción de una actitud creadora hacia la vida. Una de sus más eficaces formas de expresión es la destrucción de la tiránica influencia ejercida sobre nosotros por los muertos. No se trata de negar a estos prototipos, sino de absorberlos, asimilándolos y a su debido tiempo sobrepasándolos. Cada cual debe realizar personalmente esa tarea. No existe un plan practicable de liberación universal. La tragedia chic es el ámbito vital de casi todas las grandes figuras, queda olvidada, a causa de la admiración que profesamos a la otra del hombre. Olvídase que los gloriosos griegos, por quienes profesamos ilimitada admiración, trataron a sus hombres de genio quizá más vergonzosa y cruelmente que cualquiera de los pueblos conocidos. Se olvida que el misterio que acompaña a la vida de Shakespeare es tal sólo porque los ingleses no desean reconocer que Shakespeare enloqueció a causa de la estupidez, la incomprensión y la intolerancia de sus compatriotas, y acabó sus días en un manicomio.
Como dice el antiguo proverbio chino, la vida es hambre o es festín. Ahora se parece mucho al hambre. Sin necesidad de recurrir a la ciencia de un sabio como Freud, es obvio que en tiempos de escasez los hombres se comportan de distinto modo que cuando hay abundancia. En tiempos de hambruna el hombre merodea las calles con ojo rapaz. Mira al hermano, ve en él un bocado suculento, y sin demora lo acecha y lo devora. 'lodo ello en nombre de la revolución. A decir verdad, poco importa en nombre de qué lo hace. Cuando los hombres se inclinan a la fraternidad, también adquieren inclinaciones ligeramente canibalísticas.
En China, donde el hambre es más frecuente y destructiva, la gente ha llegado a punto tal de histerismo (debajo de la famosa máscara oriental), que cuando asiste a la ejecución de un hombre a menudo se olvida de sí misma y ríe.
El hambre que ahora padecemos es peculiar, en el sentido de que existe en medio de la abundancia. Podríamos decir que es un hambre espiritual más que física. Ahora la gente no lucha por el pan, sino por el derecho al trozo de pan, lo que constituye una distinción de cierta importancia. En términos figurados, hay pan por doquier, pero casi todos tenemos hambre. ¿Puedo decir que esto último se aplica particularmente a los poetas? Formulo la pregunta porque es tradicional que los poetas pasen hambre. Por lo cual resulta un tanto extraño verlos identificar su habitual hambre física con el hambre espiritual de las masas. ¿O es al revés? Sea como fuere, ahora todos padecemos hambre, salvo, claro está, los ricos, y la relamida burguesía que supo lo que era pasar necesidades físicas o espirituales.
Originalmente los hombres se mataban en persecución directa del botín: alimentos, armas, implementos, mujeres, cte. Aunque todo ello careciera de caridad o de simpatía, tenía sentido. Ahora hemos adoptado una fisonomía simpática, caritativa y fraterna, pero seguimos matándonos, y matamos sin la menor esperanza de alcanzar nuestros objetivos. No matamos en beneficio de los que vendrán, para que puedan gozar de una vida más abundante. (¡Que nos cuelguen si lo hacemos!)
En el curso de este libro sobre el surrealismo se ha mencionado nuestra gran deuda con Freud y colegas. Pero hay algo que Freud y toda su tribu han destacado con harta claridad, y que por extraña coincidencia falta en esta reseña de nuestra supuesta deuda. Se trata de lo siguiente: Siempre que dejamos de golpear o de matar a la persona quo amenaza humillarnos, degradarnos, esclavizarnos o someternos, pagamos el precio de esa actitud en el suicidio colectivo, que es la guerra, o en la matanza fratricida, que es la revolución. Cuando no logramos expresar el máximo de nuestras posibilidades, matamos al Shakespeare, al Dante, al Homero, al Cristo que hay en nosotros. Cada uno de los días que vivimos atados a la mujer a quien ya no amamos destruimos nuestra capacidad de amar y de tener la mujer que merecemos. La época en que vivimos es la que nos corresponde: nosotros la plasmamos, no Dios ni el Capitalismo, ni esto o aquello, llámeselo como se quiera. Llevamos en nosotros mismos el bien... ¡y también el mal! Pero, como dijo el antiguo bardo, "el bien a menudo va enterrado junto con nuestros huesos". La fundamental eficacia de la doctrina psicoanalítica reside en el reconocimiento del aspecto de la responsabilidad. La neurosis no constituye un fenómeno nuevo en la historia de las enfermedades humanas, y tampoco lo es su expresión más extraordinaria, la esquizofrenia. No es la primera vez que se agota el suelo y aun el subsuelo cultural. Se trata de una hambruna que afecta a las raíces mismas, y de ningún modo es paradójico -por el contrario, es absolutamente lógico - que ello ocurra en medio de la abundancia. Es perfectamente propio y natural que en medio de esta podrida abundancia nosotros, los muertos en vida, nos sentemos como leprosos con los brazos extendidos, y mendiguemos una pequeña caridad. O que nos pongamos de pie y nos matemos unos a otros, lo cual es mucho más entretenido, y en definitiva viene a parar en: lo mismo. Es decir, en la nulidad.
Cuando al fin todos comprendan que nada pueden esperar de Dios, o de la sociedad, o de los amigos, o del déspota benévolo de los gobiernos democráticos, o de los santos, o de los redentores, o de ese sanctasanctórum que es la educación; cuando todos comprendan que deben trabajar con sus propias manos para salvarse, y que nadie puede esperar piedad, quizás entonces... ¡Quizás! Aun así, tengo mis dudas, habida cuenta de la clase de Hombres que sanos. El hecho es que estamos condenados. Quizá muramos mañana, quizás en los próximos cinco minutos. Pasemos revista a nuestro propio ser. Podemos conseguir que los últimos cinco minutos sean válidos, entretenidos y aun alegres, si se quiere, o despilfarrarlos, como hemos lecho con las horas, los caías, los meses, los años y los siglos. No hay dios capaz de salvarnos. No existe un sistema de gobierno, una doctrina que nos suministre la libertad y la justicia invocadas por los hombres en sus estertores de muerte."
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